... y comencé mintiendo...
Mi nombre no es Roberta pero a partir de hoy lo será. Es que mi vida corre peligro si me dejo llamar como verdaderamente me llamo. Desde hace un tiempo, estoy siendo amenazada por una cantidad de personas intransigentes, mi entorno, que no aceptan que relate los hechos que suceden o sucedieron alguna vez. Ellos aseguran que los ridiculizo, que los expongo con temas sumamente privados, que los menciono sin pedir autorización.
La más molesta es mi madre, quien me advirtió que iniciaría un juicio por delitos contra el honor si continuaba ventilando historias familiares, con nombres reales y escenarios reales.
-Te prohibo que escribas intimidades familiares. Te voy a hacer un "cuicio por incurias".
-Serías capaz?
-Si.
-Permitirías que un juez me obligue a pagar una monto de dinero solo por contar verdades?
-Si.
-Qué absurdo! Tendrías que prestarme la plata para pagarte a vos misma. Yo no tengo un mango!
-Si no tené plata vas a cumplir con "trabacos" comunitarios.
-Trabajos que vas a terminar ayudándome a cumplir. Siempre que me ves atareada, me ayudas a aliviar la carga.
-Y bueno! Te ayudo. Pero el cuicio te lo hago igual.
Otro que me dio un ultimátum, es mi legítimo esposo y, sorprendentemente, hizo causa común con mi vieja. Se agregó luego, mi hijo mayor. Antes, se había quejado mi suegro. Más tarde, mi mejor amiga. Vecinos, parientes lejanos, suegra, suegrastra, cuñados, comerciantes de la zona, el intendente...
Un día, descubrí que, los pocos que aún me dirigían la palabra, hacían fila para reprocharme, para insultarme, para advertirme, para aborrecerme.
Comencé a relacionar ciertas actitudes de algunas personas con algunos de mis relatos en los que habían sido mencionadas.
Una tarde, por ejemplo, pasé por la casa de Lucha, justo en el momento en que abría su puerta y salía a la vereda. Quedamos frente a frente y ella me saludó con un "Hola" secote, sin mirarme a los ojos y, extrañamente, sin perfilar una mínima sonrisa. Lucha siempre me sonríe! Lucha siempre se dirige a mi con cordialidad y deferencia. Pero esta vez, en ese segundo en el que nos cruzamos, bajó la vista y mantuvo sus labios apretados. Inmediatamente deduje que se había enterado, de algún modo, de lo cruel que yo había sido con ella, narrando públicamente sus miserias, y pensé que estaría ofendida con toda la razón.
Estuve días con una sensación de culpa, admitiendo mi falta imperdonable; me sentía realmente muy miserable y decidí pedirle perdón.
-Lucha, el otro día, cuando te encontré aquí mismo, en la puerta de tu casa, me saludaste de un modo muy cortante, sin regalarme una sonrisa, manteniendo los labios apretados, como lo estás haciendo ahora y...
-Ay, Roberta...- me dijo, tapándose la boca con los dedos de una mano- perdoname querida... es que cambié la dentadura y no puedo acostumbrarme a estos dientes nuevos. Mirá cómo me quedaron!- retiró su mano y, estirando sus labios, expuso su dentición como hacen los caballos cuando relinchan.
-Que espanto, Lucha!- me salió del alma- Te pusieron una dentadura tres números más grande! Parece la de Austin Power.
-Quién?
-Nadie...un norteamericano.
-Ah! Si, Roberta... Quedaron largos los dientes, no? Me muerdo la lengua todo el tiempo.
-Yo creí que estarías enojada conmigo por algo que había hecho.
-No, Roberta... Cómo voy a estar enojada con vos! Cómo se te ocurre? Perdoname, pero desde que tengo esta boca siento vergüenza y trato de que nadie me vea. Será hasta que me acostumbre. Cómo voy a estar enojada con vos? Si sos un sol...
-Si, Lucha... soy un sol...
Me había puesto paranóica. Se me había inflamado el cerebro límbico. Cualquier actitud ajena, diferente a la habitual, me generaba cola de paja, por eso, decidí mudar de blog, camuflar mi identidad y la de mis protagonistas, y darle para adelante.
No quiero dejar de ser yo, aunque para serlo, me vea obligada a comportarme como una especie de testigo protegido por mi misma. Es más fácil firmar con un nombre apócrifo que andar por la vida dando explicaciones, pidiendo disculpas o esquivando escupitajos.
Concebida como la hija de una puta que nadie quiere reconocer, bastarda, ilegítima, nace Roberta Sopa.
Con ese antecedente y creciendo en el amparo que proveen las sombras, no sé qué puede surgir...
*Los nuevos nombres de los viejos personajes tienen pista apoyando el mouse sobre ellos.
